Mi experiencia con la música

 

Ricardo Daza. Lector voluntario

Me han propuesto que diga algo sobre mi experiencia con la música. Soy  lo que llaman un melómano desde hace muchos años. De modo que trataré de contar algo sobre como llegué a amar la música, en particular la que se suele llamar clásica,  pero para la cual prefiero la denominación de académica que encuentro menos elitista.

Mi pasión por la música empezó con mi adolescencia. Entre los 12 y los 13 años descubrí que me gustaba mucho. Mi adolescencia empezó el mismo año en que los Beatles viajaron por primera vez a Estados Unidos y se hicieron mundialmente famosos. Eran muchachos de apenas 18 o 20 años. Una generación completa se identificó con ellos y no solo en el mundo anglosajón o en Europa sino en todo el planeta.  Los años siguientes, los de mi bachillerato pasarían bajo la influencia de los Beatles, entre otras. Me parece importante mencionarlo porque en esos años de la década del 60 se vivió un cambio cultural muy rápido e intenso. La evolución de la música de los Beatles entre 1962 y 1967 y con ellos la de toda la música de Rock, fue sorprendente y además impuso una pauta de altísima calidad.

En esos años la música solo era accesible a través de la radio y de discos de vinilo. La mayoría teníamos en casa, un aparato de música con “tocadiscos”. Esto era bastante generalizado pues sin ese artefacto no sería posible la pasión nacional por el baile. En todas las casas de mis condiscípulos y amigos había discos. Nunca una gran colección, pero frecuentemente  los mismos éxitos bailables, los mismos discos de rancheras, tangos, boleros, quizá bambucos; todo lo que habíamos heredado de los gustos de la generación anterior. En mi casa ocurría algo excepcional había unos 20 o 25 discos de música académica. Ahora que lo pienso en ninguna de las casas de mis amigos sucedía algo parecido. Mi experiencia inicial con ese tipo de música se limitó a lo que pudiera escuchar en la radio, a la pequeña discoteca de mi casa y  a las ocasionales invitaciones que me hacían los adultos de mi familia a conciertos. Recuerdo entre estos la inauguración de la sala de conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango. Mi madre trabajaba en la oficina de los arquitectos que la construyeron y por esa razón tuve acceso privilegiado a datos sobre la construcción y a la asistencia a la inauguración.

Cuando terminé el Bachillerato ya había desarrollado un serio interés por esa música, lo cual me parece más notable cuando pienso que nadie entre mis pares generacionales compartía ese interés. A mi madre y mis tías no les era ajena, la valoraban pero era una cuestión secundaria.

Algún día en el comienzo de esta historia llegó mi madre con algunos discos, de los que se usaban, de 33 rpm, que todavía existen pero son cada vez más raros El sistema estereofónico había sido inventado pocos años antes. El caso es que allí, en la discoteca de la casa de mi madre descubrí músicas que aún hoy me siguen dando un gran deleite y fueron mi puerta de entrada al universo de la música.

Una de las primeras obras que aprendí a disfrutar era “Las cuatro estaciones” de Antonio Vivaldi. ¡Qué sorpresa maravillosa cuando lo escuché la primera vez!  Aquella música sonaba como una danza o quizá un desfile de tiempos antiguos, majestuosa, alegre, brillante, tenía una fuerza excepcional. Me ocurrió lo mismo con “La Música del Agua”  de Jorge Federico Haendel. Ambas aproximadamente de la misma época. Creo que esas dos obras fueron mi entrada a ese reino maravilloso que he visitado constantemente por cerca de 50 años.  Estoy convencido de que, en ese momento, la vida me dio un privilegio, un don, un milagro que no merecía. Me gustaría que estas líneas lograran ayudar a otros a acercarse a ese mundo maravilloso.

Mis primeras relaciones con la música académica fueron con algunas piezas del período barroco, como lo entendería más adelante. En ellas encontraba fuerza, regularidad rítmica, bellas melodías, eran fáciles, no había que entender nada, eran simplemente una música muy bonita.

Enfatizo esto porque creo que la música, como todas las artes es ante todo un placer y creo igualmente que cuando se busca con el fin de convertirla en un símbolo de prestigio o con la pretensión de parecer inteligente y  culto se convierte en pura simulación. Lo que pasa con la música y las demás artes es que la capacidad de obtener placer se educa, se desarrolla y se amplía. Yo fui afortunado y me encontré con personas y circunstancias que me facilitaron ese camino. Puse de mi parte un sincero interés y una curiosidad insaciable y lo demás me lo fue dando la vida.

Cuando ingresé  a la universidad tuve contacto, por primera vez con gente que compartía conmigo ese y otros intereses. Ocurrió además una revolución tecnológica que tuvo un impacto enorme para los amantes de la música: la difusión masiva de los casetes para grabar y los equipos portátiles. Las cintas magnéticas existían mucho antes pero eran costosas y exigían equipos grandes y complicados. Las nuevas cintas y sus grabadoras permitían tener colecciones caseras de música, superaban las limitaciones de la circulación de los discos y los costos de su adquisición. Podía grabar fácilmente los programas de la radio o discos tomados en préstamo o inclusive hacer grabaciones en vivo. En ese momento solamente había dos emisoras con programación de música académica: la Radio Nacional y la HJCK. Esta última, además distribuía por suscripción un boletín con la programación de modo que uno podía prepararse  y tener todo listo si le interesaba la programación.

En la Universidad tuve acceso a las discotecas de amigos. Pedía prestados los discos y los trascribía a casetes en una grabadora portátil, todavía muy lejana de lo que serían más adelante los “Walkman” Estas primeras grabadoras tenían muy buena calidad   de sonido pero eran muy grandes para lo que vendría después.

Vuelvo a la discoteca de mi casa. Escuchar otros músicos como Beethoven hacía evidente que se trataba de algo muy diferente a Vivaldi. Era claro que sonaba distinto: otra sensibilidad, otros instrumentos. Ya no había el ritmo regular, ahora ocurrían cambios y había más complejidad, se sentía que la música era más emocional, más vehemente, como si deseara comunicar algo muy intenso. Estas diferencias suscitaban preguntas y me di a la tarea de leer al respecto a ver si aclaraba algo.

Uno de mis primeros descubrimientos fue que la música académica tenía una estructura. En un nivel mucho más simple la música popular también la tiene. Todos estamos familiarizados con el hecho de que las canciones tienen partes que se repiten. Estrofas en las cuales la misma música se canta con una letra que varía tres o cuatro veces a lo largo de la canción. En ocasiones aparece una segunda melodía que corresponde a un “estribillo”. En los tratados sobre música se suele designar con una letra cada una de estas partes para describir su estructura:  AAB AAB designaría una canción en la cual un tema musical A se repite dos veces cantando dos estrofas (misma música, distinta letra) y luego un estribillo B con música diferente cierra el conjunto. El Himno Nacional de Colombia se suele cantar de una manera que se representaría ABA correspondiendo la A al estribillo (Oh, gloria…) y la B a cada una de las estrofas, son muchas pero solemos cantar una sola.

Pues bien, con la música académica pasa algo parecido pero es un poco más complejo. Cuando se trata de música pura o sea sin letra escuchamos frases, líneas melódicas que se van desarrollando como si fuese el argumento de un libro. Las reconocemos por que suelen repetirse a lo largo de la composición. Al comienzo es difícil seguir ese argumento, pero poco a poco uno se va familiarizando con la pieza y la estructura se va haciendo más clara.

Aquí juega un papel muy importante la memoria. Pensemos que la música tiene la característica de que se despliega en el tiempo. Los sonidos se suceden unos a otros a lo largo de minutos y a veces de horas. El sonido va desapareciendo en el mismo momento que lo percibimos. Por lo tanto solo podemos darnos cuenta de que se repite porque conservamos en la memoria lo que escuchamos antes. Cuando conocemos una pieza y nos hemos familiarizado con ella, no solamente reconocemos lo que se repite sino que también anticipamos lo que viene. Esta es una experiencia muy sencilla que tenemos todos los seres humanos, pero no es habitual que tomemos conciencia de ella y reconozcamos que se trata de algo maravilloso y que, entre otras cosas nos permite haber hecho de la música una de las producciones más asombrosas del espíritu humano. Cuando descubrí esto, que como dije es muy elemental, sentí que había tenido una verdadera revelación. Vi con claridad que, en algún sentido, la idea de “entender la música” se refería a desarrollar la capacidad para seguir ese argumento que se desarrollaba en el tiempo, en los 10 o 20 minutos que duraba la pieza o una de sus partes y captar su argumento como si fuese una historia que estaba leyendo o escuchando.

Esa facultad debía ser educada, la única manera de hacerlo era escuchar mucha música, con atención, esforzarse una y otra vez en reconocer lo que ocurría en cada pieza. Los libros y comentarios sobre música, que son muy abundantes, eran una ayuda invaluable, a veces excesivamente técnica pero siempre útil. Debo reconocer que aún hoy después de muchos años de escuchar música y leer sobre ella, no soy capaz de entender muchos de los tecnicismos musicales que se emplean. No tengo formación musical y soy incapaz de leer una partitura. Pero eso no le ha restado nada a mi goce de la música.

Un ejemplo del entrenamiento para reconocer las partes de una obra es el siguiente: hay una forma musical que quizá sea el caso más sencillo. Se trata del “tema con variaciones”. Consiste en que se expone una melodía o, como también se suele denominar, un tema, o un motivo, o una “frase” musical y luego se repite con modificaciones o variaciones. Esta clase de composición fue frecuente en tiempos del Renacimiento (siglos 15 y 16) y se encuentra en la música hasta el siglo 19. En la España renacentista se llamaba “diferencias” a las variaciones. Beethoven tiene unas muy conocidas sobre un vals de Diabelli, un compositor de su época. En algunos casos se trata de obras independientes, en otros de una sección o movimiento dentro de una obra. El ejercicio de reconocer cual es el tema, donde comienza y termina y reconocer adicionalmente cada una de las sucesivas variaciones fue para mí un ejercicio muy útil para desarrollar la capacidad de audición atenta.

Mis años de Universidad trajeron consigo un gran enriquecimiento en materia de música y de muchas otras cosas. Estudié sociología. Eso me significó tomar cursos de historia. A diferencia de la historia del bachillerato basada en memorizar fechas, nombres de batallas y de personajes, en la universidad se me proponía una historia que  incluía procesos sociales, económicos, culturales y mostraba la relación entre todos ellos. La música podía ser vista como parte importante de esa historia y ponerla en relación con otros aspectos de la cultura permitía una mejor comprensión. Un ejemplo: todo el que se haya acercado algo a la música académica sabrá que Franz Schubert es un músico romántico, pero esto se entiende con mayor claridad si, mediante algunas lecturas uno se acerca al significado cultural y social del romanticismo, a sus expresiones en otras artes, a los movimientos políticos y sociales de la primera mitad del siglo 19. Por supuesto aclaro que tener información histórica y social sobre la música no sustituye la experiencia primaria de escucharla y gustarla, pero contribuye a ampliar la sensibilidad, estimula la curiosidad que nos impulsa a buscar más música.  En cierto modo, visto desde esta perspectiva el desarrollo histórico de la música es como leer una novela apasionante en la cual permanentemente estamos a la expectativa sobre qué seguirá después.

Existe también una rama especializada de la sociología que estudia la música. Asuntos tan particulares no suelen estudiarse en la Universidad. Nunca tuve un curso de Sociología de la Música. No obstante la formación en Sociología General es suficiente para permitirle al que tenga interés, abordar esta clase de temas especializados.  La antropología es una disciplina prima hermana de la sociología. Su interés se centra en el estudio de la cultura y como es apenas obvio por ese camino también se llega a la música.

Tuve por mucho tiempo el privilegio de conocer a personas que iban mucho más adelante que yo en la cercanía a la música, a la literatura o a la cultura en general. Le debo mucho a las conversaciones estimulantes que me señalaban caminos, me sugerían obras para escuchar, me exponían las razones de sus propias preferencias. Es un privilegio que he tenido a lo largo de toda mi vida pero que fue muy intenso en los años de universidad.

Concluyo resumiendo lo dicho hasta aquí sobre cómo desarrollé mi pasión por la música: escuchando mucha música con atención e interés; leyendo, un poco desordenadamente, toda clase de materiales desde los comentarios en la prensa de críticos musicales con motivo de conciertos, las carátulas de los discos, libros de introducción a la apreciación musical, historias de la música y de la cultura y el arte, tratados de sociología de la música y conversando sobre música con todo el que se prestara a ello.

Sobre los instrumentos musicales

Bennet, Roy. Los instrumentos de la orquesta. Madrid. Akal, 1999

¿Qué es una orquesta?

Orquesta es una antigua palabra griega que significa lugar de danza. En Grecia, durante el siglo V a. C, las obras de teatro se representaban en teatros al aire libre, llamados anfiteatros. Orquesta era el nombre con que se designaba el espacio situado frente al área principal, destinada a la representación, y que utilizaban tanto el coro, que lo mismo cantaba que  bailaba, como los instrumentistas.

Mucho más tarde, a principios del siglo XVII, se representaban en Italia las primeras óperas. Originalmente pretendían ser una imitación del antiguo teatro griego, y por esa razón se utilizó la misma palabra orquesta para designar el espacio, entre la escena y el público, que ocupaban los instrumentistas. Pero pronto orquesta pasó a significar los músicos mismos, y luego, por fin, el conjunto de instrumentos que tocaban.

Y, por eso hoy en día utilizamos la palabra orquesta para designar un conjunto relativamente grande de instrumentos que tocan juntos. Pero, ¿qué instrumentos exactamente? Y,  ¿cuántos constituyen un conjunto relativamente grande de instrumentos? El número y tipo de instrumentos puede variar considerablemente de una pieza a otra según la combinación exacta requerida por el autor para expresar sus ideas musicales. De hecho, la forma y el tamaño de la orquesta ha estado constantemente cambiando durante los últimos cuatro siglos. Algunos instrumentos, en especial el viento metal, han sido inteligentemente desarrollados de forma que resultan más fáciles de tocar, y han aumentado el número de sonidos que pueden producir. La extensión y la variedad de los colores instrumentales han crecido gradualmente a medida que se han inventado nuevos instrumentos, y que han sido aceptados dentro de la orquesta.

Las secciones de la orquesta

Imagínate que estás sentado en una sala de conciertos con una orquesta desplegada ante ti. Este conjunto relativamente grande de instrumentos no es, en absoluto, un agrupamiento casual de aquellos recursos humanos disponibles en un momento dado.

Se trata, de hecho, de un cuerpo extremadamente organizado y equilibrado, compuesto de cuatro secciones o familias de instrumentos. Primero están las cuerdas, es la sección que toca la parte más importante en la música, consta de: violines, violas, violonchelos, contrabajos y arpa.

 Luego los de viento de madera, los instrumentistas, que a menudo interpretan importantes solos, están sentados en el centro de la orquesta, justo enfrente del director y un poco más elevados que la cuerda.  La sección del viento madera incluye: flautas y flautín, oboes y corno inglés, clarinetes y clarinete bajo, fagotes y contrafagot.

Siguen los instrumentos del viento metal, están colocados detrás del viento madera, de tal manera que su sonido, más potente y pesado, no ahogue los sonidos más suaves del viento madera y de la cuerda. Sin embargo, al estar colocados a un nivel más alto que los otros instrumentos, pueden atravesar la textura de la música cuando sea necesario con un efecto emocionante. La sección del viento metal incluye: trompetas, trompas, tuba y trombones.

Arriba de todo, al fondo, se encuentra la sección de percusión, que incluye membranófonos, platillos y todos los instrumentos que pueden ser percutidos, sacudidos o entrechocados. A veces, se le llama la sección de la cocina por la gran cantidad de ruido que puede producir de ser necesario. Aunque la sección de la percusión puede ofrecer una mayor variedad de instrumentos que cualquier otra sección de la orquesta, estos instrumentos los tocan entre unos pocos músicos. Los instrumentos principales de la sección de percusión son: timbales, bombo, caja, platillos, triángulo, pandereta, glockenspiel, xilófono, celesta, campanas tubulares, castañuelas, woodbloks, tam-tam o gong,  látigo y maracas.

Biografía de los compositores

Beethoven, Ludwig Van. http://www.canalsocial.net/GER/ficha_GER.asp?id=260&cat=biografiasuelta

Mozart, Wolfgang Amadeus. http://www.canalsocial.net/GER/ficha_GER.asp?id=2446&cat=biografiasuelta

Bach, Johann Sebastian. http://www.canalsocial.net/GER/ficha_GER.asp?id=172&cat=biografiasuelta

Haydn, Franz Joseph. http://www.canalsocial.net/GER/ficha_GER.asp?id=1541&cat=biografiasuelta

Verdi, Giuseppe. http://www.canalsocial.net/GER/ficha_GER.asp?id=3289&cat=biografiasuelta

Brahms, Johannes. http://www.canalsocial.net/GER/ficha_GER.asp?id=420&cat=biografiasuelta

Berlioz, Hector. http://www.canalsocial.net/GER/ficha_GER.asp?id=300&cat=biografiasuelta