Manuel Mejía Vallejo

Escritor antioqueño (Jericó, abril 23 de 1923). Manuel Mejía Vallejo representa la vertiente andina de la narrativa colombiana contemporánea, caracterizada por un mundo de símbolos que van perdiéndose en el recuerdo de la montaña. Rodeado de cordilleras, de las que nacen personajes y situaciones, Mejía Vallejo ideó el pueblo de Balandú, y confiesa que escribe porque entiende mejor los fenómenos al irlos describiendo. A los trece años ya le escribía a su madre largas cartas con un estilo sorprendente. Hizo estudios de pintura y escultura en la escuela de Bellas Artes de Medellín, sin que llegara a terminar, pues descubrió que su oficio eran las letras. Posteriormente ejerció el periodismo en diferentes países de América. Como periodista, escribía en promedio 30 páginas diarias, lo cual demuestra la consagración y la aptitud innata de este autor.

A la edad de 22 años ya había escrito su primera novela, titulada La tierra éramos nosotros. Su madre se la entregó al grupo de los Panidas, coordinado por León de Greiff, sin que Mejía lo supiera. La lectura de esta novela causó una gran impresión entre el grupo y fue así como se publicó, en 1945. Durante muchos años, Mejía Vallejo fue profesor de literatura en la Universidad Nacional, seccional Medellín. Fue director de la Imprenta Departamental de Antioquia; y desde 1978 dirige el taller de escritores de la Biblioteca Pública Piloto de Medellín. Recibió el título Honoris causa de la Universidad Nacional, en 1985. En 1989 ganó el Premio Rómulo Gallegos, con su novela La casa de las dos palmas. En 1993, Medellín le rindió un homenaje por sus 70 años de vida. Sus obras presentan la reconstrucción de los ambientes que lo rodean y los que lleva por dentro. Son recurrentes los temas de la hacienda, la aldea y los espacios suburbanos, el asombro ante el desarraigo del hombre provinciano, las contradicciones de la ciudad que propician un cosmos de desvaríos colectivos y la soledad del ser que transita por las calles.

Entre sus cuentos más conocidos figuran: “La muerte de Pedro Canales”, “Riña para cuatro gallos”, “Que despierten sus sueños”, “El hombre vegetal”, “La venganza”, “Aquí yace alguien”, “El milagro”, “Los Julianes”, “La guitarra”, “El cielo cerrado”, “Miedo”, “Una canoa baja el Orinoco” “Palo caído” y “El sitio del agua”. De todos ellos, “La venganza” ha constituido un clásico del cuento colombiano. Su novela Aire de tango, publicada en 1973, es su obra más elaborada, innovadora y compleja desde el punto de vista de la estructura literaria. Tarde de verano, publicada en 1980, ratifica a Balandú como ámbito geográfico y contexto social y humano característico de la narrativa de Mejía Vallejo. Balandú se presenta como un auténtico microcosmos de la provincia colombiana, en especial de la cultura paisa. La obra de Mejía Vallejo presupone, como un legado personalmente asimilado y refigurado, muchos rasgos de la rica tradición oral del pueblo antioqueño. La casa de las dos palmas, Tarde de verano y Aire de tango son, acaso, sus tres novelas más logradas. La narrativa de Mejía Vallejo puede dividirse en tres etapas. La primera, caracterizada por ficciones tradicionales, va de 1945 a 1957 y comprende obras como La tierra éramos nosotros y Tiempo de sequía. La segunda se caracteriza por la innovación en la técnica, especialmente en la estructura, y va de 1959 a 1964; comprende, entre otras, las obras Al pie de la ciudad y El día señalado. La tercera etapa corresponde a la producción madura, donde Mejía funde los impulsos tradicionales con lo moderno; esta fase comprende su producción desde 1967, marcada por Cuentos de zona tórrida, y transita hasta la que se puede considerar la gran culminación del escritor, La casa de las dos palmas.

La trama de esta novela se ubica en la segunda y tercera décadas del presente siglo, lo que la hace complementaria de Tarde de verano; es como si Mejía Vallejo se hubiera propuesto restituir en sus obras una continuidad histórica recuperable sólo a través de la ficción narrativa. Mejía Vallejo también ha escrito ensayos, entre ellos se destacan: Breve elogio de la muerte (1957), María más allá del paraíso (1984) y Hojas de papel (1985). Ha publicado los libros de cuentos: Tiempo de sequía (1957), Cielo cerrado (1963), Cuentos de la Zona Tórrida (1967), Las noches de la vigilia (1975), Otras historias de Balandú (1990), Sombras contra el muro (1993) y La muerte de Pedro Canales (1993); y los libros de versos: Prácticas para el olvido (1977), Décimas, El viento lo dijo (1981), Memoria del olvido (1990) y Soledumbres (1990). En cuanto a sus novelas, ha publicado: La tierra éramos nosotros(mención del Premio Esso 1945), Al pie de la ciudad (laureada en el concurso de Editorial losada en 1958), El día señalado (Premio Eugenio Nadal 1963), Las muertes ajenas (Premio Casa de las Américas 1972), Aire de tango (Premio Vivencias, Cali, 1973), Tarde de verano (laureada en el Concurso Plaza y Janés 1979), Las invocaciones, Azarosas noches campesinas, Que despierten sus sueños, El hombre que parecía un fantasma (1984), Y el mundo sigue andando (1984), Los negociantes (mención del Premio Esso 1985), La sombra de tu paso (1987), La casa de las dos palmas (Premio Rómulo Gallegos 1989) y Los abuelos de cara blanca (1991) [Ver tomo 4, Literatura, pp. 280-282].

LUIS CARLOS MOLINA

Parte de Biografías. Gran Enciclopedia de Colombia del Circulo de Lectores

Tomado de:

http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/biografias/mejivall.htm

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